Vino caliente y villancicos en Alexanderplatz

Campanitas, espumillón, villancicos, belenes… aunque falten aún veinte días, nos sentimos en plena Navidad. Esta época, amada por los más fantasiosos y censurada por quienes la ven sólo como la fiesta del consumo por antonomasia, empieza a percibirse en cada esquina de la capital. Y es que pocas ciudades del mundo se visten de Navidad como lo hace Berlín.

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Ya es un hecho que los germanos adoran estas fiestas. Berlín no quiere ser menos que ciudades como Múnich o Dresden y despliega cerca de sesenta mercados de Navidad, tradicionales o modernos, artesanos y gastronómicos, gratuitos o de pago, mercados para todos los gustos.

Uno de los puntos más turísticos y comerciales, pero también de los más emblemáticos de Berlín son los alrededores de AlexanderPlatz. Accediendo por la calle Karl-Liebknecht-Strasse y a lo largo de la plaza hasta el Centro Comercial Alexa, se puede ver uno de los mayores Weihnachtsmarkt de la ciudad.

Una vez atravesadas las luminosas puertas, podemos sentir el más profundo espíritu de las fiestas de Navidad. La canción “Merry Christmas, everyone“, conocida y alegre, se escucha en el centro del recinto, al lado de la estatua Neptunbrunnen, donde además se ha instalado para la ocasión una pista circular de patinaje sobre hielo. Desde el cielo, nos observan los múltiples colores de una noria que sube hasta la altura de 50 metros. Los valientes que decidan disfrutarla podrán contemplar tranquilamente el mercado, además de una parte del distrito de Mitte. El resto del mercadillo está conformado por pasillos de cabañas que nos hacen sentir en la tierra de Papá Noel, blancas casitas, tejados cubiertos de nieve artificial, música, campanillas, trineos, brillos y sobre todo luces, muchas luces.

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Te declares o no un amante acérrimo de esta época, seguro que encontrarás algún producto que te llame la atención; algunos de los cuales difícilmente hallables durante el resto del año. Pan de jengibre hecho a mano, pizzas, un extenso stand que ofrece varios tipos de salami y una gran barbacoa con hamburguesas, albóndigas y, por supuesto, no podían perderse el festín las salchichas currywurst. Los más golosos se alegrarán al ver esas perfectas figuras de chocolate, elaboradas con gran precisión, cuyo aroma vaticina un gran placer para el paladar. Se ven puestos con manzanas de caramelo como aquellas tan típicas de las ferias españolas, frutas cubiertas de chocolate blanco, plátanos bañados en cacao, un puesto de diferentes clases de almendras tostadas cubiertas de azúcar, un stand que muestra caramelos de anís de diversas formas y colores…

Quienes no deseen comer (los precios son, aprovechando las fechas, más elevados que de costumbre) siempre pueden decantarse por alguna bebida poco común, como cerveza picante, de cereza o, por supuesto, el producto estrella de los mercados de Navidad: el Glühwein o vino especiado caliente.

Dicho vino, confeccionado con especias como la canela o el clavo, es la joya de la corona de los mercados navideños. Resulta ideal para ayudar a calentar el cuerpo, pues la época de adviento en Berlín suele ser más bien gélida. Su aroma, conseguido tras años de tradición e historia, resulta seductor y apetecible y su sabor dulce y dispar no decepciona. Se puede combinar tan curioso ponche con ron o amaretto, darle un gusto a fresa o una nota de almendra. Son servidos en unas jarritas de cristal cuya decoración no desentona con la temática general, por las cuales es preciso abonar la cantidad de tres euros a modo de fianza. El cliente puede decidir llevarse, o no, el vaso como recuerdo del paseo.

Los niños son los invitados especiales de esta fiesta singular. Se divertirán probando dulces, montando a lomos de pequeños poneys que caminan un recinto algo pequeño o disfrutando de los coloridos carruseles. Asimismo, existen puestos que les fascinarán, como el de materiales reciclados o el de marionetas de madera. Además, el mismísimo Santa Claus se deja caer por allí tres veces al día (normalmente, sobre las 16.30 h, 18.30 h y 20.30h) para ofrecer su show a los más pequeños de la casa.

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Todo tipo de técnicas artesanas – no sólo de Alemania, sino de muchos lugares del mundo- expresan su arte a lo largo de los pasillos de cabañas de madera. Cinturones de cuero, cuencos para el desayuno con graciosos rostros impresos, ornamentos, gorros rusos tipo ushanka e incluso un stand de manteles artesanos de los que se veían a menudo en las viviendas del siglo pasado. Por supuesto, las acorazonadas galletas de colores con sentidas inscripciones abundan por cada esquina, probablemente el producto más cliché alemán que se encuentra caminando entre los puestos.

A las 22h en punto, sin demora, el mercado de Navidad se cierra hasta la siguiente jornada. Se encuentra abierto entre finales de noviembre hasta el 29 del último mes del año.

Estos mercadillos entretienen las noches de invierno de Berlín. Cualquiera merece una visita, pero la ubicación, decoración medieval y tradición harán del de Alexanderplatz un itinerario agradable y de lo más típico. Fantasía, encanto y magia navideña te acompañarán en uno de los eventos más entrañables de la capital de Alemania.

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